domingo, 9 de marzo de 2014

Villa Tunari



Convencidos de que desde este pequeño pueblo podíamos acceder al Parque Nacional Carrasco, llegamos después de 5 horas de trayecto en "trufi" (taxi interurbano compartido). En teoría iban a ser 3 horas, pero las lluvias torrenciales habían provocado un derrumbe y solo un carril de la ruta permanecía abierto. En el coche sonaba un estruendoso CD de cumbia religiosa una y otra y otra y otra vez... En el trayecto se veían grandes superficies de yungas y riachuelos que se escurrían entre la vegetación tropical. 

Paisaje antes de llegar a las yungas.
Llegamos por la noche así que nos alojamos en el único hostel del que teníamos referencias "El mirador", con una hermosa vista sobre el río pero algo caro. . Una vez allí, escuchando y contemplando a la luz de la Luna el caudaloso río y los altos árboles frutales nos dimos definitivamente cuenta de que habíamos dejado atrás el altiplano para entrar en otra zona climática radicalmente diferente. 
A la mañana siguiente paseamos por el pueblo descubrimos otro hostal más económico, "Hostal Pilunchi", que fue el primero en abrir en aquel pueblo. Junto con otra pareja de argentinos nos cambiamos al Pilunchi regentado por un simpático abuelo que nos recibió con camisa, calzoncillos y botas de agua hasta las rodillas.

En el 2º hostel
Tras realizar una breve excursión hasta "el chorro" (un simple chorro de agua que parecía un desagüe y que por alguna extraña razón figuraba como atractivo turístico en el mapa que nos dieron en la oficina de turismo) nos encaminamos hacia el parque Machía. Este parque sirve de refugio para animales salvajes liberados de las garras de los traficantes y de algunos circos. Hay más de 30 especies en él, pero son los monos araña los protagonistas. Acostumbrados como están a la presencia humana se acercan y juegan con los visitantes, incluso tratan de robar las botellas de agua que llevas. Los senderos que atraviesan el parque permiten ver bastantes insectos así como monos tití y ardilla. En el centro de recuperación de aves que tenían a la entrada había un águila gris algo cabizbaja, y en el sendero de acceso al parque una gran tortuga cruzaba el camino a velocidad de crucero.

Como el clima tan sofocante no permite grandes planes decidimos emplear la tarde en preparar unas pizzas en el quincho improvisado, robando un poco de leña a la antipática hija del dueño. 

A la mañana siguiente, tras desayunar los restos de la pizza que las hormigas no habían devorado, emprendimos camino hacia una zona de pozas en un riachuelo cercano. Tras caminar hasta el cruce-desvío del parque temático "La Jungla" tomamos el camino que llevaba hasta el hotel de selva "El puente". El riachuelo que pasa junto al hotel tiene más de 15 pozas naturales, a las que se llega por un camino que hay 500m antes del hotel. Como no encontramos el camino accedimos a través del hotel pagando 30 pesos cada uno. Las pozas de agua cristalina tenían pequeñas playas de piedras y arena, con una pared rocosa a un costado de la que caían enredaderas y lianas haciendo del lugar un sitio muy inspirador. 

Cerca de Villa Tunari hay cuevas que cobijan a pequeños murciélagos chupasangre y guácharos (pájaros ciegos), pero para llegar es necesario un guía, y al ser temporada baja nadie nos garantizó que encontráramos uno. También se puede acceder al Parque Nacional Carrasco, pero hay que pagar bastante al taxista para conseguir llegar, y nuestro presupuesto no podía soportarlo.

Así pues, esa misma tarde partimos hacia Sinahota desde donde los martes y sábados fletaban un bus para llevar a los campesinos al mercado de Santa Cruz. Nosotros utilizamos este transporte para llegar a la siguiente parada de nuestra ruta: Buena Vista, a sólo 100km de Santa Cruz.

viernes, 7 de marzo de 2014

Excursión a la cordillera de los Frailes

¡Hola de nuevo!
Tras un parón en el blog producido por el cansancio acumulado durante el viaje nos proponemos retomar la narración del viaje donde lo habíamos dejado. Aunque nosotros ya hemos regresado a Valparaíso seguiremos contando por aquí las etapas hasta

En la oficina de información turística de Sucre nos habían sugerido realizar una excursión de varios días a la cordillera de los Frailes, territorio Jal´qa, un pueblo famoso por sus tejidos oníricos plagados de animales mitológicos (http://www.incapallay.org/files/website_espanol/Los_Jalq'a_y_su_tejidos.htm). Tras unos días en Sucre nos pareció buena idea aventurarnos a conocer algo más del mundo rural boliviano, seguros de que iba a ser toda una experiencia.

Como el mapa proporcionado por la oficina de turismo no tenía una descripción muy detallada del lugar intentamos hacernos con algún mapa del instituto geográfico boliviano que incluyera esa zona, pero no conseguimos en ningún sitio un mapa oficial, así que nos llevamos una impresión del que incluye la guía Lonely Planet sobre Bolivia en su versión 2013 (página 225).

Nuestra idea era tomar un bus que nos llevara a Chataquila, realizar el camino del Inca hasta Chaunaca, y desde allí continuar por el camino hacia Maragua, para apreciar la extraña formación geológica del falso cráter. Tras esto pensábamos conseguir un guía local que nos llevara a ver las huellas de dinosaurio de Niñu Mayu, cerca de Humaca, y terminar la aventura en Potolo, desde donde debía haber transporte de regreso a Sucre.

Para llegar a la Iglesia de Chataquila en primer lugar hay que tomar el microbus F ó el 1 de la calle Hernando Siles, junto al mercado de Sucre. Tenemos que bajarnos en la salida Arravelo y allí preguntar por el transporte hacia Chataquila. Habitualmente sale un bus a las 10 de la mañana pero también puede haber camiones que vayan en esa dirección.

Tras una hora de viaje llegamos a la pequeña Iglesia de Chataquila, de donde parte la ruta del "camino del Inca", un antiguo sendero Inca ahora restaurado de unos 4 km que desciende desde la Iglesia hacia el pequeño pueblo de Chaunaca.


Vista del cráter de Maragua desde el camino del Inca
Las vistas desde el camino del Inca eran un tanto imponentes, con el valle al fondo y las enormes montañas guardando el acceso al territorio Jal´qa. En el mapa que nos dieron en informaciones turísticas de Sucre indicaba que en el pueblo de Chaunaca había  un centro de interpretación con información turística, pero no encontramos más que un puñado de casas desperdigadas junto al camino de tierra. Así que tras almorzar proseguimos el camino hacia Maragua.

Nos despistamos y tomamos un camino equivocado, pero pudimos volver sobre nuestros pasos y siguiendo la carretera llegamos a Maragua al atardecer. Otros viajeros siguieron el camino de tierra que une Socapampa con Maragua y tuvieron que vadear el río varias veces, perdiendo la senda en algún momento y retrasándose horas por este motivo.

La llegada a Maragua nos reveló un paraje increíble, un pueblito en medio de un hoyo que simulaba un cráter, con pliegues geológicos claramente visibles en las crestas que lo resguardaban. Es mejor incluir una foto para explicar la singularidad del lugar:

A la entrada del pueblo había una tiendita en que unos niños vendían agua, jugos, cigarrillos, galletas y nada más. Nos indicaron la casa de una señora que alojaba "gringitos" (así llamaban a todos los extranjeros que visitaban la zona, sin distinción de nacionalidad) como alternativa a las cabañas más caras que venían anunciadas en el mapa turístico. Llegamos a casa de la señora y la encontramos tejiendo un tapiz típico de su cultura, su hija nos hizo de traductora (pues la señora, al igual que muchos otros miembros de la comunidad apenas entendía el castellano) y nos ofreció por 40 pesos pasar la noche con cena y desayuno incluido. Además nos presentaron al señor Basilio, que amablemente se ofreció a hacernos de guía para llevarnos hasta las huellas de dinosaurios de Niñu Mayu y encaminarnos por la ruta hacia Potolo al día siguiente. Esa noche compartimos cena con otros cuatro viajeros que habían hecho el mismo recorrido que nosotros hasta llegar a Maragua.

Al día siguiente Basilio nos llevó a ver la garganta del diablo antes del desayuno, una pequeña cascada que parte desde el cráter de Maragua hacia el valle del río Ravelo.

La roca simula una boca de la que mana el agua
Tras el desayuno Basilio estaba ya preparado, con su bolsita de hojas de coca, para llevarnos hacia las huellas de dinosaurio, pero el sobresfuerzo realizado el día anterior y algunos problemas gástricos nos hicieron cambiar los planes y adelantar el regreso hacia Sucre. Desde Maragua sólo hay un camión que llega a Sucre los viernes y domingos, como justo era domingo Basilio nos indicó donde tomar el camión para poder llegar en el día a la ciudad. Pero antes caminamos hacia un mirador cercano para apreciar el valle del río Ravelo en todo su esplendor.

Nos creíamos afortunados por tener transporte directo desde el pueblo hacia Sucre, pero este viaje bien pudo ser el peor de toda nuestra aventura. Estábamos a sólo 40km de Sucre y nos llevó 5 horas completar la travesía en un camión de madera al que no paraba de subir gente. Como ese era el único transporte de la zona hacia la ciudad todo el mundo se acercaba a la ruta para viajar en el camión, y por muy lleno que fuera el conductor no podía dejar a nadie en la ruta porque no había alternativa. Así que hubo un momento en que en el remolque había un batiburrillo de señoras, niños, gallinas, sacos, bombonas de butano, ancianos,.... incluso había gente viajando en los laterales del remolque por la falta de espacio. 

En un momento dado el conductor paró el camión y dio instrucciones en quechua para que la gente se pusiera a apuntalar con rocas un trozo del camino que estaba a punto de ser arrastrado por un torrente, así que todo el mundo, incluso las cholitas enfundadas en su traje típico, comenzó a lanzar rocas desde la montaña hacia el camino como si toda la vida hubieran hecho eso. Los únicos que parecíamos sorprendidos por las condiciones del viaje eran los cuatro viajeros con los que habíamos compartido cena y nosotros, ya que para el resto de personas esa forma de viajar era su día a día.
El viaje continuó y llegó un momento en que con tanta gente Clara ya no sabía donde agarrarse y tampoco había espacio para sentarse. Tanto agobio unido a los problemas intestinales que sufría en el momento la hicieron tener que avisar para parar el camión y tomar aire. El conductor y otro pasajero propusieron a Clara que lo mejor era que tomase un trago de Alcohol etílico para las heridas a lo que ella se negó pues presentía que eso no la ayudaría mucho. Insistieron en que al menos lo oliese pero siguió negándose, solo necesitaba respirar aire. Para continuar el viaje mejor Clara fue en la cabina con el conductor, lo que pensó que era una suerte hasta que llegó ahí dentro con otros 6 adultos y un niño.
Fue el viaje más largo y tedioso que hayamos hecho nunca pero al fin llegamos a Sucre para descansar y continuar el viaje al día siguiente: rumbo Cochabamba.

domingo, 2 de febrero de 2014

Sucre y las siete cascadas

Hola! Despues de dos semanas de sequía seguimos con nuestra crónica.

El trayecto hacia Sucre estaba dividido en dos partes. La primera era en autobús a Potosí y la segunda dependía del número de viajeros que fueran a Sucre: si éramos muchos cambiaríamos de autobus y con poca gente la empresa de transporte pagaría a un taxista interurbano para que nos acercase. Nosotros ansiabamos ser poca gente para poder viajar en taxi, que tardaría menos y sería más cómodo. Y así fue como caímos en las manos de Gabriel, taxista interurbano nocturno. 

Si el trayecto usual demora unas 4 horas nosotros tardamos 2h y media, Gabriel se conocía la carretera y tomaba las curvas en linea recta. Era un profesional de la conducción nocturna, y por eso adelantaba a otros coches en curvas muy cerradas apagando las luces para ver si venía algun coche defrente. Era un tipo graciosete que en cuanto veía un perro callejero cercano a la carretera le enfilaba con el coche y amagaba atropellarle mientras gritaba "perro locoooooo!!!!". Era un asiduo consumidor de hoja de coca, cada 5 segundos durante todo el trayecto se metía alguna hoja en la boca, y el tamaño de su carrillo excedía varias veces el de su cerebro. Sin lugar a dudas uno de los personajes del viaje.

Sea como fuere llegamos de madrugada a Sucre, y tras pasar la noche en el Hosteling International cercano a la estación salimos dispuestos a conocer la ciudad y buscar un hostel más barato. Al pasar por el mercado campesino tuvimos una sensación de ajetreo y caos, en la misma proporción que el tamaño de este mercado, que se pierde por múltiples calles de la periferia. Es el lugar más barato para comer o hacer la compra, aunque en el mercado central también se puede comer económico y encontrar una gran variedad de productos.En el alojamiento Urus, cercano al mercado central, encontramos una pieza muy económica; y aunque la limpieza era escasa la relación calidad precio es aceptable. 
 
Deliciosos zumos de frutas en el mercado central
El museo Nacional de Etnografía y Folklore presenta una colección de máscaras y disfraces de los distintos pueblos y culturas que conforman la actual Bolivia. Además cuenta con una sala dedicada a la difusión de la cultura Uru Chipaya, un pueblo que debido a la presión aymara y la creciente occidentalización está perdiendo sus señas de identidad, bastante únicas. El mejor mirador de la ciudad se encuentra en el barrio de la Recoleta, y aunque muchas de las fotos turísticas de la ciudad se toman desde el tejado de la iglesia de San Felipe Neri el mirador de la Recoleta ofrece una mejor panorámica, y gratis. 
Vista desde el mirador de la Recoleta
 
Sede del tribunal supremo de Bolivia
La plaza central está muy cuidada, y los edificios coloniales la hacen digna de visitar. En realidad por toda la ciudad se aprecia el pasado colonial, edificios encalados y con amplios patios recuerdan al estilo arquitectónico del sur de España. Como la ciudad tiene pequeños cerros al pasear por sus calles es agradable ver las blancas casas que suben por la calle hasta el siguiente cerro.

Hay muchas rutas a lugares cercanos a la ciudad organizadas por los operadores turísticos, pero son caras, y teniendo un poco de tiempo gracias a la ayuda prestada por la oficina de turismo pudimos organizar nuestra propia escapada a la cordillera de los frailes.

El primer día que tratamos de ir llegamos tarde a coger el transporte que nos llevaba hasta allí, ya que a las 10 de la mañana sale el último camión. Dedicamos el día a realizar otra de las excursiones recomendadas, la de las siete cascadas. Tomando el microbus Q en las cercanías del mercado central tienes que caminar unos 3 km desde la última parada hasta llegar al río, subiendo un poco por su cauce empiezas a ver a los turistas arremolinados en las sucesivas caídas de agua que conforman el lugar. Aunque no tenían mucha agua en la época en que estuvimos hay que reconocer que el entorno es bien bonito, pese a los desperdicios con que algunos visitantes decoran el lugar. La excursión a la cordillera de los frailes para la próxima entrada.

sábado, 18 de enero de 2014

Uyuni

Antes de comentar Uyuni, vamos a explicar cómo es el paso fronterizo Argentina – Bolivia.
La Quiaca, último pueblo argentino, no tiene nada especial. El autobús te deja en la estación y hay que ir caminando unos 500 metros hasta inmigración argentina en la frontera para que te hagan el trámite de sellar la salida. Después hay que esperar de nuevo a que inmigración boliviana te selle la entrada (este segundo tramite nos lo facilitaron evitándonos la espera). Mientras esperas se puede vez cómo la gente cruza ilegalmente andando el río (aún seco) que hace de frontera natural. Este proceso es mejor hacerlo a pie, ya que si lo haces en autobús se alarga más. Es decir, lo mejor es ir en un autobús hasta La Quiaca, cruzar a Villazón (primer pueblo de Bolivia) y de ahí tomar otro transporte a donde se desee.

Tras muchas prisas y ganas por llegar a Bolivia por el asunto del dinero, cuando intentamos sacar dinero del cajero en Villazón no lo conseguimos. La solución que tomamos fue hablar con la policía fronteriza y comentarles la situación pidiendo pasar de nuevo a Argentina a sacar dinero y volver a Bolivia. Así hicimos, como si no pasase nada volvimos a salir y entrar en un país y en otro sin ningún tipo de registro. La frontera es muy flexible. Otros viajeros nos comentaron que hace algún año atrás pasaron la frontera a Bolivia sin trámite alguno alegando que iban a buscar un hotel y volvieron tres semanas después sin tener el menos problema.

Aunque no es muy recomendable pasar la noche en Villazón ya que no tiene ningún encanto, a nosotros no nos quedó otro remedio y nos quedamos en un alojamiento cercano a la estación por 40 pesos bolivianos. La verdad es que lo único que lo hace recomendable es el precio (lo más económico). Tanto la cama como los baños supusieron una toma de contacto con la realidad del hospedaje en Bolivia.

Al día siguiente temprano en la mañana salimos a Uyuni.
El autobús que iba a tardar 8 horas, finalmente tardó 10. Todo tiene su explicación: el camino no estaba asfaltado, hizo una parada de algo más de una hora para almorzar y el autobús se averío varias veces. No nos podemos quejar, al día siguiente una lluvia torrencial inundó los caminos de acceso a Uyuni, demorándose 18 horas el mismo viaje, a lo que hay que sumar el overbooking que hacía a cerca de treinta personas viajar en el pasillo del autobús.  

El desierto avanzaba a medida que nos internábamos en el departamento de Potosí, aunque a veces lo que parecía un colorido paisaje, si te fijabas bien, era un campo de bolsas de plástico amontonadas con más basura. En general, en Bolivia no hay mucha concienciación en cuanto al reciclaje o al respeto medioambiental. 
Al llegar a Uyuni nos encontramos con la ciudad empantanada por la lluvia lo que hacía dificil transitar por ella para encontrar alojamiento. Terminamos en “el mañanero” por 45 pesos cada uno con ducha incluida, en teoría. Lo cierto fue que a la mañana siguiente la señora aseguraba que nos habíamos duchado la noche anterior y como solo teníamos derecho a una sola ducha no nos abriría las duchas. Después de mucho discutir conseguimos colarnos para darnos una ducha rápida.

Ese día, después de solucionar el tema económico nos dedicamos a buscar la excursión al Salar de Uyuni. Fue cuando nos dimos cuenta de que con la temporada de lluvia el salar está inundado y tiene una capa de agua que produce un efecto espejo precioso. Por el contrario parte, el agua impide llegar más allá del Hotel del sal situado en los primeros 3km aprox. Teniendo en cuenta los 10.500 km cuadrados del salar, nos decepcionó un poco.
La excursión que ofrecían era de un día, unas 5 horas. Primero se visitaba el cementerio de trenes cercano a Uyuni donde se podía ver los restos de las entrañas de los primeros trenes a vapor.




Luego se iba hasta el pueblo de Colchani, donde se procesa la sal extraída y hay una feria de artesanía en la que se pueden encontrar figuras de sal. Se entra en el salar, hasta llegar a las montículos de sal, donde ya se puede apreciar las dimensiones y la grandiosidad del lugar.


Por ultimo nos internamos hasta el antiguo hotel de sal que hoy en día es un museo. Allí se pudimos disfrutar del maravilloso efecto espejo propio de esa época.





Las sensaciones fueron intensas desde el inicio. Ver las formas hexagonales que hacía la sal en el suelo, las cantidades inmensas de sal que pisábamos con los pies descalzos ya son por sí solas increíbles. Pero ver el cielo reflejado completamente en el suelo te da una impresión de levedad a la par que de desorientación incomparable, única. Aunque sea algo caro, recomendamos por completo hacer la excursión, no conformarse con ir en autobús a Colchani (que es otra posibilidad).

 Tras ver el Salar no había mucho más que hacer en Uyuni así que nos fuimos rumbo a nuestro siguiente destino: Sucre. 

lunes, 13 de enero de 2014

Tilcara y Humahuaca



Llegamos el 1 de Enero por la tarde con algunos campings apuntados. Nos decidimos por “El enano” a 35 pesos la noche en carpa. Allá había más viajeros con los que compartimos cena y velada en una “peña” escuchando música folklórica de un artista local. Pensabamos que era gratis pero al salir nos pasaron el “peaje”. No fue mucho y mereció la pena por ver el espectáculo, algunos del público incluso se animaron a bailar. 

Al día siguiente tras una pequeña excursión a una laguna cercana (no muy interesante) nos fuimos hasta el pueblo vecino de Maimara, donde además de apreciar las formaciones rocosas, pudimos visitar su colorido cementerio. 






Por la tarde, una caminata de hora y media nos llevó hasta la garganta del diablo. El camino no tenía desperdicio: a casi 3000 msnm siguiendo el curso del rio, dejando atrás las rojizas montañas, nos adentrábamos en un cañón, al final del cual se encontraba una bulliciosa cascada que caía sobre piedras de múltiples colores. Otro paseo en dirección contraria a la cascada te llevaba por dentro del cañón en el que había algún mirador donde se apreciaba su profundidad y la inmensidad del valle. La entrada para ver la cascada fueron 10 pesos cada uno, pero sin duda merecía la pena. 


Al día siguiente nos encaminamos hacia Humahuaca. Después de buscar largo rato alojamiento, encontramos un camping por 25 pesos la noche en carpa. Parece que según nos acercamos a la frontera boliviana los precios son más baratos. 

Humahuaca es menos turístico que Tilcara y el paisaje es similar ya que forman parte de la misma quebrada, que en un pasado fue la ruta que abastecía de alimento y mulas a Potosí.
El pueblo tiene una gran escultura sobre un pequeño cerro dedicada a los luchadores por la independencia, la llaman El Indio. Es bastante impresionante ya que se ve desde casi cualquier punto y de noche  se deja ver iluminada. 

A la mañana siguiente fuimos a visitar el mirador al que se accede tras 20 minutos andando. Desde allí se pueden disfrutar de unas bonitas vistas no solo de Humahuaca sino de parte de la quebrada, sobre todo si te tomas tiempo para subir y pasear por la cresta del cerro.
Queríamos llegar a Bolivia para no volver a sacar dinero desde un cajero automático argentino, así que nos fuimos directamente a La Quiaca, último pueblo argentino. 



miércoles, 8 de enero de 2014

Alemanía y Salta



Alemanía y Salta.

La excursión a la quebrada de las conchas nos dejó en la última parada que suelen realizar: la garganta del diablo. Allí mismo, en la ruta 68 que une Cafayate con Salta, paramos al colectivo para que nos llevase a Alemanía por 12 pesos argentinos cada uno.


Alemanía, en sus mejores tiempos, fue un pueblo por el que pasaba el tren, formando parte de la ruta comercial del noroeste argentino. Cuando en los años 60 dejó de pasar por allá el tren, el pueblo fue vaciándose hasta quedar las tres familias que actualmente lo habitan. Las montañas, el río, la verde vegetación, la inmensidad de estrellas que se ven a la noche y el peculiar puente inglés conforman un escenario muy agradable, casi místico. La acampada allí es muy fácil ya que la antigua parada de tren mantiene los baños y una llave de agua, además en Argentina se puede hacer fuego casi en cualquier parte lo que puede ser útil si tienes un cazo y algo para cocinar a mano; y además todo gratis :) 


Tras una velada nocturna con cancionero y guitarra incluido a la mañana siguiente después de un refrescante baño en el río nos pusimos en marcha, rumbo a Salta.

Llegamos a Salta en una típica furgoneta Volkswagen de los hippies gracias a un alemán y una brasilera que estaban viajando por latinoamérica y amablemente nos llevaron hasta el dique Cabra Corral desde donde se puede tomar un colectivo interurbano por 12 pesos argentinos que te lleva a Salta dejándote en la plaza central. 


Al llegar a Salta nos alojamos en un hostal que a pesar de ser muy básico y caluroso tenía una azotea en la que se veían los tejados de ciudad, la cúpula y el campanario de una de las iglesias coloniales. Ese día solo nos dió algunos quebraderos de cabeza el tema económico, ya que al sacar dinero del cajero nos hacen el cambio oficial (1 euro = 8,89 pesos argentinos aprox) que compensa menos que el extraoficial (1 euro = 12 pesos argentinos). 


La mañana del 31 de diciembre la pasamos haciendo cola en los supermecados porque estaban llenos de gente haciendo las últimas compras de nochevieja. Apenas pudimos ver el pintoresco mercado lleno de puestos en los que se vende cualquier cosa. 

Por la tarde dimos un paseo por el parque San Martín que va hacia la terminal de autobuses, donde hay un pequeño mercado de artesanía y productos típicos, un lago con patos, el museo de ciencias naturales y el teleférico que sube al cerro San Bernardo. Nosotros decidimos subirlo andando, los 1020 escalones, en compañía de un perro que nos acompañó tanto a la subida como a la bajada, muy simpático. Allí vimos atardecer y el comienzo de los fuegos artificiales típicos del día. A las 20:00 hora argentina (00:00 hora española) nos felicitamos el año, teniendo presentes a todas las personas queridas mandando buenos deseos de año nuevo. 

Para cenar, en el hostal cada una de las que estábamos alojadas allá cocinamos un plato que luego compartimos entre todas brindando a las 00:00  hora argentina y deseándonos un feliz año viendo desde la azotea los innumerables fuegos artificiales que se lanzaban desde todas partes de la ciudad. 


Nuestro ritmo imparable de viaje nos dejó sin energía para salir por las peñas de la calle Balcarce famosa por su ambiente fiestero. Como nos acostamos relativamente pronto, al día siguiente pudimos pasear por las calles vacías de Salta, viendo tranquilamente las fachadas de sus bonitos edificios, muchos de ellos coloniales. Decimos la fachada por que, obviamente, estaba todo cerrado. No había mucho más que hacer en Salta, ya que la quebrada ya la habíamos visitado desde Cafayate, el tren de las nubes es excesivamente caro y a Salinas Grandes no fuimos debido a que más adelante iríamos a otro salar más grande aún en Uyuni, Bolivia. Otra opción era ir hacia Cachi, pero nos desviaba un poco y nos comentaron que era similar a  Cafayate.  Decidimos seguir nuestro camino, así que a la tarde, un colectivo por 90 pesos argentinos por persona nos llevó a nuestro siguiente destino: Tilcara. 

(Como comentamos la anterior entrada (Cafayate) un virus nos ha borrado parte de las fotos y, aunque las de Salta y Alemanía las conservamos, este ordenanor no nos da confianza para volver a arriesgar nuestros recuerdos. Paciencia, ya subiremos alguna)  
Vistas desde el hostel en Salta



Vistas desde el mirador del cerro. Salta


Cena de Nochevieja Salta

Uno de los edificios coloniales del centro salteño
Estatua de Güemes que custiodia el cerro San Bernardo.Salta



Zona de acampada junto al rio: Alemania

Antigua estación de tren de Alemania

Puente sobre el rio en Alemania